Fuente (parcial): "Diez preguntas sobre BDSM", publicado por WhipMaster en Cuadernos de BDSM, nº 15 en mayo de 2011

Publicado en RosazulBDSM el 4 de julio de 2018. Última revisión: 4 de julio de 2018

Preguntas más frecuentes sobre BDSM

¿Qué es el BDSM?


La forma más simple de ver el BDSM es como un conjunto de prácticas de relación y eróticas “no convencional” o “alternativas”. Este conjunto de prácticas incluye (además de otras dinámicas de relaciones interpersonales):

  • Bondage (ataduras) y Disciplina
  • Dominación y Sumisión
  • Sadismo y Masoquismo
Y son las iniciales de esas palabras las que forman el acrónimo BDSM. Este acrónimo se utilizó por primera vez en el año 1991, aunque los movimientos que dieron lugar al nacimiento y desarrollo del BDSM datan de mediados del siglo pasado. Todas las actividades enmarcadas en el BDSM tienen un elemento común: los participantes construyen, de forma voluntaria y partiendo de una situación de consenso, relaciones con un marcado traspaso de poder, Erotic Power Exchange (EPE o Intercambio Erótico de Poder), en las que una parte ejerce el rol dominante o activo, y otra parte el rol sumiso o pasivo. La parte pasiva cede de manera voluntaria a la parte activa su voluntad y su capacidad de decisión, para que sea la parte activa la que, dentro del marco del consenso acordado, decida qué hacer y cómo hacerlo. Es muy importante entender que estas prácticas son consentidas libre y voluntariamente por todas las partes de la relación (que pueden ser más de dos) y que, al contrario de la creencia popular, no siempre tienen que implicar dolor (sadomasoquismo) ni actividad sexual entre los participantes (aunque usualmente sí tienen contenido erótico). Puedes leer más sobre el tema en el artículo Qué es el BDSM, y sobre su desarrollo histórico en el artículo Historia del BDSM.




¿Qué es la D/s?


La Dominación/sumisión o D/s es una de las facetas del BDSM. Posiblemente es la faceta más transversal, la más entrelazada con las demás prácticas BDSM.
La gran mayoría de juegos BDSM se plantean como situaciones D/s en las que uno de los componentes de la pareja asume un rol dominante mientras que el otro le cede el control, asumiendo un rol sumiso. Por eso las relaciones BDSM han sido definidas como relaciones de cesión de poder o de intercambio de poder. La persona dominante es la que asume el control, o sea, la iniciativa y la responsabilidad de dirigir la búsqueda del placer dentro de los límites consensuados con su pareja. A la persona dominante le corresponde administrar los deseos de la persona sumisa y encontrar formas creativas e imaginativas de desarrollar las fantasías BDSM compartidas. El placer de la persona dominante radica en la erotización de una mezcla de sensaciones como poder, transgresión, vértigo, libre expansión del deseo contando con la entrega y la complicidad de la persona sumisa, etc. La persona sumisa es la que voluntariamente cede el control a su dominante en una escena BDSM y se entrega a él porque confía y tiene la certeza de que sus propios límites y los términos consensuados van a ser respetados. Los testimonios personales de muchas personas sumisas suelen coincidir en que su mayor deseo es complacer a su dominante y verlo satisfecho. Sumisión no significa pasividad. Al contrario, requiere buenas dosis de complicidad y de sutileza para interactuar de forma proactiva con la persona dominante, insinuando, sugiriendo, provocando, seduciendo, estimulando, excitando... Huelga decir que las relaciones BDSM, por muy formales que sean, no están reñidas ni con el sentido del humor ni con la seducción, la ternura, las caricias, los besos o el cariño, si no todo lo contrario. Y que una persona asuma un rol dominante o sumiso dentro de un juego BDSM no implica, ni mucho menos, que lo sea o tenga que serlo fuera de ella. Con frecuencia es justamente lo contrario.
Dos son los roles propios de una relación BDSM, dominante y sumiso, aunque hay personas que alternan ambos roles y que disfrutan plenamente de cada uno de ellos, según las situaciones. Son los denominados ambivalentes o switch (uno de cuyos significados, en inglés, es cambiar o intercambiar). Puedes encontrar más información sobre la D/s en la sección D/s del Blog.




¿La D/s es machismo?


Algunas personas se preguntan si las relaciones de Dominación/sumisión en las que el Dominante es un hombre y la sumisa es una mujer son, simplemente, una forma de machismo. Otras personas se preguntan si las relaciones D/s son solamente para mujeres que rechazan el feminismo. La respuesta a ambas cuestiones es rotundamente no. Y ello por dos razones. La primera razón es que los roles en el BDSM no dependen del sexo de la persona, sino de su sentir interior. Así hay mujeres sumisas y mujeres Dominantes, y hombres sumisos y hombres Dominantes. Y con las relaciones entre los roles ocurre lo mismo: hay Amos y sumisas, Amas y sumisos y las variantes homosexuales de ambas. Como ves, hablar de machismo en las relaciones D/s no tiene cabida. La segunda razón radica en que el feminismo consiste en conseguir que la mujer sea totalmente libre para realizar las elecciones que prefiera con respecto a su vida. Cuando una mujer decide asumir el rol de sumisa que siente en su interior está ejerciendo esa libertad. E igualmente ocurre si otra mujer decide asumir el rol de Dominante que siente en su interior. Para que sea BDSM cada persona debe elegir libremente lo que desea hacer y lo que no, y hasta que nivel quiere hacerlo. Así pues, cuando una mujer decide en libertad participar en una relación D/s (ya sea como sumisa o como Dominante) está ejerciendo su libertad como persona.




¿Qué diferencia hay entre el BDSM y el abuso?


Hay muchas diferencias entre el BDSM y el abuso. Por citar algunas de ellas:

  • Los participantes en el BDSM toman libremente la decisión de realizar las prácticas que desean. Es decir, participar o no es siempre voluntario.
  • Los participantes en el BDSM tienen como objetivo incrementar su bienestar y obtener placer.
  • Antes de que ocurra nada, los participantes en el BDSM negocian lo que desean que ocurra y hasta qué nivel, y llegan a un acuerdo. Es decir, todo lo que ocurre es consensuado.
  • Cualquier participante en una práctica BDSM puede detenerla instantáneamente en el momento en que desee.
  • Las prácticas BDSM deben ser seguras y sensatas. Los participantes deben conocer los riesgos y minimizarlos, y no realizar ninguna actividad que suponga un riesgo excesivo.
En este artículo: "La diferencia entre BDSM y maltrato" encontrarás este tema mucho más desarrollado.




¿Qué tipo de prácticas se realizan en el BDSM?


La fantasía es la materia prima del BDSM. Trata de imaginar el potencial erótico de un cachete en el culo en el momento oportuno o lo excitante que puede resultar hacer el amor con los ojos vendados o con tu pareja esposada. Al igual que la fantasía, la lista de prácticas que se realizan en el BDSM es casi inagotable. En los siguientes párrafos te mencionaremos algunas de las más populares siguiendo el significado del acrónimo BDSM.
Una de las principales prácticas BDSM son las ataduras (en inglés, bondage) y su exquisita variante japonesa, el kinbaku o shibari. Es la fantasía de las esposas elevada al máximo refinamiento. Hay personas capaces de hacer auténticas maravillas anudando cuerdas alrededor del cuerpo de su pareja. Y por supuesto personas que disfrutan satisfaciendo el deseo de su pareja mientras permanecen atadas, inmovilizadas o con los movimientos restringidos.
Uno de los significados de disciplinar es azotar y una disciplina es un instrumento que sirve para azotar. Así pues, cuando hablamos de disciplina nos estamos refiriendo, principalmente, a los azotes y la flagelación erótica. Lo que en inglés se denomina spanking, que admite una amplia gama de intensidades y que se puede poner en práctica con las manos, con una zapatilla, con el cinturón, con una fusta, o con una amplia variedad de objetos. La imaginación no tiene límites. Para una gran mayoría de personas, uno o unos pocos cachetes suaves son más que suficientes para generar un estimulo erótico. Pero también hay personas que buscan estímulos más fuertes.
SM, sadismo y masoquismo, sadomasoquismo, se refiere, precisamente, a aquellas prácticas que persiguen la estimulación y la búsqueda del placer mediante la mortificación o el dolor (los mismos azotes, los mordiscos, la aplicación de pinzas en los pezones, el goteo de cera sobre el cuerpo y un larguísimo etcétera). Subrayo algo muy importante: en el BDSM el dolor es un medio para alcanzar el placer. No un fin en sí mismo. Una de las imágenes más típicas y tópicas con la que muchas personas identifican habitualmente el “sado” es la del hombre sumiso puesto a los pies de una mujer dominante, vestida de cuero y de expresión adusta. Sin embargo esto no es sado propiamente dicho si no Dominación/sumisión (o D/s, para abreviar) algo que generalmente se entremezcla con otras cosas como la humillación o el fetichismo (del cuero, el látex, los zapatos de tacón de aguja o las botas altas, por poner tan sólo algunos ejemplos bastante comunes). El BDSM tiene mucho de paradójico. ¿O no es paradoja que el dolor pueda ser causa de placer? Sin embargo, esto es algo que tiene explicación científica. La clave está en las endorfinas. Otras paradojas BDSM, como que la sumisión y la entrega a una persona dominante constituyan un acto de libertad, son meras contradicciones semánticas.
Es relativamente frecuente, entre las personas iniciadas en el tema, hablar de juegos (transportando el play inglés) en lugar de prácticas, que parece una palabra más técnica. Existen listas de prácticas ( playlist, en inglés) en las que puedes encontrar referenciadas muchas de las que caben dentro del amplísimo abanico de posibilidades que ofrece el BDSM. Estas listas de prácticas son útiles para explorarlo sobre el papel y fantasear, individualmente o en pareja. En esta página encontrarás una playlist muy complete. Puedes encontrar información más detallada sobre algunas prácticas BDSM en la sección Prácticas del Blog.




¿Qué significa SSC?


SSC es el acrónimo de Sensato, Seguro y Consensuado (traducción aproximativa del inglés Sane, Safe, Consensual).
Una de las formas de explicar el BDSM es por analogía respecto al juego, en la medida que es algo que se practica por placer obedeciendo a unas reglas específicas. Para jugar es necesario conocerlas bien y respetarlas. El SSC constituye una de estas reglas o principios éticos fundamentales, posiblemente el más importante. Se dice que no es BDSM si no es sensato, seguro y consensuado. Además, que debe ser practicado de forma plenamente consciente, es decir, con pleno conocimiento de lo que se hace.
Cuando alguien se decide a desarrollar sus fantasías y a evolucionar del cachete puntual o del juego esporádico con esposas hacia cosas más intensas, surge el riesgo de una eventual confusión con el abuso, la violencia o el maltrato, que son cosas execrables, repugnantes y que además están fuera de la ley. Para que esta indeseable confusión no se produzca de ninguna manera, ambos componentes de la pareja han de estar plenamente de acuerdo. El consentimiento delimita la frontera entre el BDSM y el abismo. De hecho, delimita la última frontera de cualquier tipo de relación sexual. Pero muy especialmente cuando se trata de BDSM puesto que implica ciertas dosis de violencia simbólica. Los azotes, por ejemplo. Un cachete, un azote, un pellizco, etc. no serán nunca BDSM si antes no existe consentimiento, ganas, voluntad y acuerdo para que lo sean.
Nadie puede escudarse en el BDSM para llevar a su pareja hacia terrenos no deseados por ella, puesto que la ley está por encima de todo y las leyes de violencia de género son especialmente sensibles hacia estas cosas. Consenso implica respeto absoluto a la ley y a la otra persona, a su libertad y a su privacidad, a su integridad física y psíquica y a sus límites. Puedes leer más sobre el SSC y otros protocos de sesión del BDSM en el artículo Protocolos de sesión en el BDSM.




¿Qué riesgos implica el BDSM?


A medida que una pareja se va adentrando en estas prácticas y expandiendo su fantasía aparecen algunos riesgos. Pero no hay que dramatizar. De ninguna manera se trata de riesgos inasumibles para una gran mayoría de personas y físicamente no son mayores que los que implican determinadas prácticas deportivas, por ejemplo. Son riesgos que no deben ser ignorados pero que pueden prevenirse y minimizarse perfectamente si se identifican convenientemente y si se actúa con prudencia, sensatez y cautela.
Si cuando se habla de BDSM se hace énfasis en los riesgos no es tanto por la gravedad de éstos como para subrayar lo fundamental: el BDSM ha de ser seguro y debe practicarse con pleno conocimiento de lo que se trata y de lo que implica.
En este sentido, otra de las reglas o principios éticos fundamentales del BDSM es el llamado RACK o RACSA, acrónimo, este último, de riesgo asumido y consensuado para prácticas de sexualidad alternativa (traducción del inglés Risk Aware Consensual Kink RACK). El RACSA establece la obligatoriedad de conocer los riesgos que implican las diversas prácticas BDSM, consensuarlos y prevenirlos adecuadamente.
En tanto que el RACSA se inscribe en el marco de una relación consensuada o consentida, es de algún modo consecuencia y complemento del SSC e implica ambos componentes de la pareja por igual. Es evidente que no se puede atar a alguien si no se sabe, por ejemplo, cuales son los nudos apropiados para no lesionarle o hasta donde se pueden forzar sus articulaciones. Igual que no se puede hacer una sesión de spanking desconociendo el manejo de los instrumentos apropiados o qué partes del cuerpo son adecuadas para recibir unos azotes con los que no se trata de hacer daño si no, insisto, estimular a la pareja y encontrar placer. De la misma forma que ambos componentes de la pareja han de ser conscientes de los riesgos, es igualmente imprescindible, fundamental, que compartan el conocimiento de los límites respectivos y el compromiso mutuo de respetarlos. Saber hasta dónde se desea llegar para no sentirse forzado o para no encontrarse ante situaciones indeseadas. Las líneas rojas que no se desea traspasar o las cosas que se prefiere explorar con mucha cautela antes de decidir si merece la pena adentrarse en ellas para encontrar más placer. Hay que conocer los riesgos, respetar los límites y por supuesto tomar todas las precauciones y medidas de seguridad necesarias en función de las prácticas que se vayan a llevar a cabo. Si tu pareja se siente segura contigo será mucho más fácil que os concentréis en lo esencial: la búsqueda del placer.
Frecuentemente el BDSM no se practica con la pareja estable si no con parejas ocasionales o en el marco de relaciones informales, incluso abiertas a terceras o cuartas personas. También es importante tomar precauciones en este sentido y profundizar tanto como sea posible en el mutuo conocimiento antes de practicar BDSM. Aunque es algo de sentido común, no está de más recordarlo.
Un riesgo al que están expuestas las personas recién llegadas al BDSM vía chats, foros, etc. es el de encontrase ante situaciones no deseadas, quizás por haber querido ir demasiado deprisa o por haber confiado en gente que no merecía esta confianza. Por desgracia este tipo de gente existe fuera y dentro del BDSM y por esta razón es importante informarse, no dejarse llevar por impulsos, no precipitarse y hablar mucho con la otra persona y a poder ser con otras de su entorno antes de establecer una relación.
Además de riesgos físicos, el BDSM puede implicar riesgos sicológicos si se practica en el marco de relaciones faltas de sensatez. De todos modos, los riesgos sicológicos no derivan de las prácticas BDSM propiamente dichas si no de las personas que las llevan a cabo y de la forma como se plantee su relación. Un buen conocimiento de la pareja, el sentido común, la prudencia y una actitud realista (es decir, ajustada a la realidad, no fantasiosa) son probablemente los mejores antídotos ante este tipo de riesgos. Puedes encontrar más información sobre el RACK, el RACSA y otros protocolos de sesión del BDSM en el artículo Protocolos de sesión en el BDSM.




¿BDSM o sadomasoquismo?


BDSM es un concepto puesto en circulación a principios de los años noventa del siglo XX en relación con la reivindicación en positivo de las sexualidades alternativas. Sadomasoquismo, en cambio, es un concepto antiguo, acuñado en el ámbito de la psicopatología y con muchas connotaciones peyorativas.
Por esto es preferible hablar de BDSM en lugar de sado, sadomasoquismo, sado-maso, SM, etc. Por esto y también porque BDSM es un concepto mucho más amplio y que abarca e interrelaciona muchos más elementos. El SM es sólo una parte del BDSM.
Y sobre todo: las fantasías y las prácticas que tienen cabida dentro del BDSM, en tanto que se trata de algo basado en el consenso mutuo y en la búsqueda del placer, están lejos del alcance del sadomasoquismo patológico, siendo muy importante evitar todo lo que pueda ser causa de confusión entre ambas cosas.




¿Es el BDSM un juego sexual?


¿Juego? El BDSM puede explicarse por analogía respecto al juego, en la medida que es algo que se practica por placer obedeciendo a unas reglas específicas.
Pero de ninguna manera se trata de un juego banal, por todo lo que implica (toma de conciencia, consenso y negociación entre las partes, prevención de riesgos, responsabilidad, ética, liberación de pulsiones muy intimas, etc.). De hecho, hay personas que viven intensamente el BDSM a las que la analogía con el juego no satisface. Para estas personas el BDSM es una filosofía o un estilo de vida. ¿Sexual? El BDSM es una forma de sexualidad alternativa. En muchas de sus prácticas el protagonismo de la componente genital es bastante relativo. Para muchos practicantes del BDSM el objetivo no es acabar echando un polvo si no alcanzar un estado de excitación prolongado. Desarrollando estas fantasías, muchas partes del cuerpo pueden convertirse en fuente de estímulos placenteros. También los sentidos cobran un protagonismo destacado. La vista, por ejemplo, dada la importancia que dentro del BDSM se otorga a la componente estética y a la puesta en escena. Más relevantes que los sensoriales son posiblemente los estímulos mentales que el BDSM proporciona. Tanto por las dosis de creatividad e imaginación que su puesta en práctica requiere como por que permite explorar y liberar instintos, morbos y fantasías en dosis muy elevadas y al fin y al cabo alcanzar placeres de gran intensidad. Placer sublime, sexo extremo o sexo gourmet, son algunas formas interesantes de adjetivación del BDSM.




¿Existe una simbología BDSM?


El BDSM tiene determinados símbolos y referentes culturales. Por esto se dice, a veces, que existe una cultura BDSM o que el BDSM constituye una subcultura. No obstante, me parece necesario precisar que de ninguna manera se trata de una simbología o de una cultura herméticas, sólo para iniciados, puesto que el BDSM no constituye ninguna secta o grupo cerrado. Para practicarlo no hay que militar en ningún grupo, comunidad, etc. ni hay que superar ningún ritual iniciático o practicar determinadas liturgias. Te basta con tu propia fantasía, las ganas y una pareja cómplice. Es cierto que antaño, sobre todo antes de que existiera internet, el mundo BDSM vivía como en las catacumbas y, allí donde existían, las comunidades bedesemeras eran como núcleos muy cerrados en si mismos. Para estos la adopción de unos símbolos de identidad específicos era necesaria para reivindicarse y fortalecer el sentimiento de comunidad. En la actualidad, superada la etapa resistencial (aunque sin haberse alcanzado la normalidad, ni mucho menos), el BDSM se puede vivir de forma bastante más desinhibida y el valor de la simbología identitaria se ha relativizado bastante. Persiste, sin embargo, el uso de determinados símbolos bien arraigados, tales como el triskel, comúnmente adoptado como símbolo del BDSM (puedes leer más en este artículo: El emblema del BDSM: el Triskel). Se trata de una variante del triskel céltico, con algunos detalles que lo singularizan. Si ves a alguien con un anillo inspirado en el que aparecía en la película Historia de O es muy posible que se trate de una persona implicada en una relación BDSM. Consiste en un aro con una argollita que puede recordar un collar en miniatura. Además de símbolos identificadores como los que acabo de mencionar, muchos aspectos de las relaciones BDSM están cargados de simbolismo, dada la importancia que adquiere la puesta en escena a la hora de desarrollar fantasías BDSM con un cierto nivel de formalidad. Por ejemplo, cuando una persona Dominante impone el collar a su sumiso o sumisa (más información en el artículo: Tipos de collares). O cuando una pareja BDSM formaliza su enlace (para lo que se inventó un ritual llamado “Ceremonia de la rosa”, del que puedes leer aquí.). La forma de hablar y de comportarse una persona sumisa ante su Dominante, al igual que su gestualidad o determinadas posturas, también pueden obedecer a determinadas reglas deetiqueta o protocolo, con un significado específico que cada pareja puede adaptar a sus propios gustos o circunstancias particulares. En cuanto a la forma de vestir, aunque no hay nada prescrito, es bastante frecuente la asociación entre el BDSM y el gusto por el cuero, el látex, los corsés o los zapatos de tacón de aguja, las botas altas, etc. Es frecuente que en fiestas y encuentros de gente del BDSM se exija indumentaria de cuero o látex o, como mínimo, vestir de negro (a esto se le llama “ir de código”). El día 24 de julio (24/7) se celebra el día internacional del BDSM. Desde 2009 se celebra también, durante el mes de enero, el International Fetish Day. Por último, el BDSM tiene como referentes determinadas obras literarias, películas, cómics, canciones, etc. entre las cuales sobresale Historia de O. En los foros dedicados al tema podrás encontrar, con relativa facilidad, listas de obras o canciones con contenidos explícitamente BDSM o afines.




Esto me atrae: ¿soy un bicho raro?


Éste es un pensamiento relativamente frecuente. La antigua confusión entre BDSM y sadomasoquismo patológico ha hecho y todavía hace mucho daño, a pesar de los esfuerzos reiterados por transmitir información seria sobre el tema (tanto desde sectores comprometidos como desde el ámbito académico) y de la progresiva normalización de las sexualidades alternativas.
Tampoco ayuda mucho la imagen del BDSM que puntualmente se refleja algunos medios y en determinados programas de gran audiencia, que a veces se apoyan en el viejo prejuicio de que el BDSM es el colmo de la perversión, cargándolo de dramatismo, explotando su aura de cosa prohibida y dando más notoriedad a los que viven profesionalmente del tema que a la gente que lo disfruta tranquilamente en laintimidad sobre la base de la complicidad, el cariño y el afecto mutuo. Obviamente, los primeros siempre serán más propensos y estarán más interesados que los segundos en aparecer en los medios. Cuando se toma contacto con el BDSM y se profundiza mínimamente en su conocimiento se comprueba enseguida que los tópicos y los estereotipos que circulan por ahí no se ajustan a la realidad. Más bien se alejan considerablemente de ella. La gente que practica BDSM es gente normal y corriente y la base social y cultural del mundo BDSM es amplia, heterogénea y extraordinariamente diversa. No es menos cierto que la gente del BDSM acostumbra a ser prudentemente discreta y que raramente explicitará públicamente sus gustos si sabe o intuye que no se encuentra en un entorno favorable.
Debido a connotaciones culturales, religiosas, a la presión social, etc. también hay personas que tratan de ignorar, minimizar, rechazar o silenciar la atracción que en algún momento sienten por el BDSM o alguna de sus manifestaciones y que incluso se culpabilizan por tener este tipo de fantasías, considerándolas negativas.
Bastantes personas confiesan que su toma de contacto con el tema no estuvo exenta de ciertos conflictos internos. Por un lado les atraía fuertemente, pero por otro lado estaban ahí los temores y los prejuicios ancestrales. Por tanto no es tan extraño que surja la pregunta ¿soy un bicho raro?
Pues no. De ninguna manera. Este no es un gusto mayoritario. Para disfrutarlo hay que sentirlo y no todo el mundo lo siente. Pero no es nada raro, ni mucho menos.
Según datos del prestigioso Kinsey Institute, en los Estados Unidos, entre un 5 y un 10% de la población practica BDSM aunque sea ocasionalmente. Asimismo, un 14 % de hombres y un 11 % de mujeres tuvieron en algún momento experiencias sexuales con toques BDSM. Más todavía: un 11 % de hombres y un 17 % de mujeres jugaron alguna vez con ataduras. El mismo Kinsey Institute constata que la incidencia de trastornos psicopatológicos, depresión, ansiedad, etc. entre las personas que practican BDSM no presenta diferencias significativas con respecto a su incidencia entre el conjunto de la población. En España, según un estudio sobre actitudes y prácticas sexuales realizado por el CIS Centro de Investigaciones Sociológicas (estudio 2738, de 2008) un 4.8 % de las personas que usan juguetes para sus relaciones sexuales declaran que utilizan cosas para atar como esposas, grilletes, arneses o cuerdas. El mismo estudio ofrece datos interesantes sobre el consenso, una de las bases sobre las que se fundamente la práctica del BDSM. Un 50.6 % se muestra muy de acuerdo con esta frase: Mientras no se haga daño a nadie, y se trate de adultos que consienten libremente, nadie tiene por qué decir qué es lo que se puede o no hacer en una relación sexual. Otro 43.1 % dice estar bastante de acuerdo. La suma de los muy de acuerdo y los bastante de acuerdo alcanza el 93.7 %. En la misma onda, un 45.7 % dice estar muy de acuerdo con la frase En una relación sexual vale todo, siempre que los dos estén totalmente de acuerdo mientras que el 46% está bastante de acuerdo.
También refiriéndose a España, el informe Durex sobre bienestar sexual GSWS de 2007-2008 atestigua que un 2 % de encuestados practica BDSM y que a un 4 % le gustaría incorporarlo a su vida sexual. Según la misma encuesta, a nivel global, el porcentaje de personas que practican BDSM, tanto hombres como mujeres, asciende al 3%.
Extrapolando estos datos (4 % de personas que desearían probar el BDSM y 2% de practicantes) podría suponerse, por ejemplo, que en un avión con 150 pasajeros a bordo, podrían encontrase unas 6 personas interesadas por el BDSM y hasta 3 practicantes, que no es poco. O que en un centro de trabajo o en un aula universitaria de unas 50 personas podría haber por lo menos otra, además de ti, que fantasea con el tema.
O sea: no estás solo con tus fantasías BDSM. Hay mucha más gente completamente normal, como tú, que comparte estas fantasías, aunque a lo mejor no se atreve a expresarlas.
No lo atestigua únicamente el análisis sociológico. Indicio evidente del profundo arraigo de las fantasías BDSM es por ejemplo su utilización como recurso publicitario, algo relativamente frecuente. En la publicidad, movida por una industria potentísima que suele apelar a las emociones y los instintos básicos para vehicular sus mensajes, no es difícil encontrase con guiños bedesemeros. Y no sólo en los anuncios. También en el ámbito de otras industrias no menos potentes, como la de la moda o la del espectáculo. Son sobradamente conocidos los toques bedesemeros que adornan los shows y los videoclips de cantantes como Madonna, Lady Gaga, Christina Aguilera, Rihanna, etc.
La estética fetichista que suele envolver las fantasías BDSM resulta tremendamente atractiva. Aunque lo que se ve en fotografías y películas son sueños que poco tienen que ver con el BDSM real, constituyen un potente llamador, como también lo son determinadas películas, cómics, u obras literarias que se aproximan al tema o se centran en él. Su belleza posee un extraordinario poder de seducción.




¿Cómo puedo iniciarme?


¿Te atrae?, ¿lo sientes?, ¿te gusta?, ¿te sientes cómodo con estas fantasías?, ¿tienes ganas de desarrollarlas y experimentarlas? Pues adelante, pero sin precipitarte y sin dejarte llevar por impulsos momentáneos. Tómate tu tiempo y actúa reflexivamente. Avanza gradualmente, tantea. Busca información en internet, lee –tanto textos de ficción como de no ficción-, visualiza imágenes o películas, fantasea y explora tus propias reacciones para ir descubriendo lo que más te gusta, lo que te atrae pero a la vez temes, lo que decididamente rechazas, dónde situarías tus límites, cual sería tu rol, etc. Una vez lo tengas mínimamente claro puedes empezar a relacionarte. No hay escuelas de BDSM pero sí grupos y personas experimentadas dispuestas a ayudar a los novatos, aunque al fin y al cabo la iniciación al BDSM es en buena medida un proceso de autoaprendizaje y de autoconocimiento.
Los foros de internet, los chats, los grupos o las comunidades virtuales son un medio idóneo para las primeras tomas de contacto. La costumbre es entrar en ellos adoptando un seudónimo o nickname, algo habitual en los chats de cualquier temática. En el mundo BDSM la mayoría de la gente suele identificarse por su nick. Introdúcete, observa comportamientos, pregunta sintemor pero educadamente, asiste a charlas y tertulias virtuales, habla con las personas ogrupos que te inspiren más confianza, pasa de las habladurías y cuando te sientasmínimamente afianzado trata de interactuar con otras personas, experimentarsensaciones y familiarizarte con ellas. Luego ya verás si estás dispuesto a adentrarte enel BDSM real. No te comprometas a nada ni con nadie hasta que no estés seguro de quees lo que realmente quieres y sobre todo se honesto y evita generar falsas expectativas,en los demás y contigo mismo. Si te identificas como sumiso o sumisa, en los chats te lloverán propuestas de gente que enseguida querrá ser tu dominante. Este tipo de gente que tiene prisa no es recomendable para una primera experiencia, ni siquiera en internet. Desconfía asimismo de las personas que parecen vivir en un mundo de fantasía, ajenas a la realidad, y de las personas excesivamente celosas, manipuladoras, tramposas o poco respetuosas. Ser dominante no implica ser desconsiderado o grosero, si no todo lo contrario, igual que ser sumiso o sumisa no te obliga a servir a todos los dominantes que se crucen en tu camino. Si finalmente te decides a adentrarte en el BDSM real una buena forma de empezar es participar en alguna quedada, cena o encuentro, como los que organizan los grupos de internet. También existen clubs y locales especializados donde a menudo seorganizan fiestas, tertulias o actividades. Los podrás localizar con relativa facilidad preguntando en los foros o a personas bien relacionadas. El 24 de julio, con motivo del día internacional del BDSM, se suelen convocar bastantes eventos en todas las ciudades donde existen grupos mínimamente organizados. Esta puede ser una buena ocasión para una primera toma de contacto y empezar a conocer gente cara a cara. Si tienes una relación estable y deseas desarrollar estas fantasías con tu pareja, asegúrate bien de que realmente le gusta. Es difícil atraer hacia el BDSM a personas que no lo sienten. Si recurres a los servicios de profesionales ten en cuenta que nada te garantiza un conocimiento del BDSM superior al que pueda proporcionarte, sin mediar interés económico, una persona experimentada. Si vas a quedar a solas con alguien, que la primera vez sea sólo para tomar un café y en un lugar público y concurrido. No des tu número de teléfono a quien no esté dispuesto a revelarte el suyo.Rechaza, al principio, las citas a ciegas o las propuestas que te exijan más de lo que tú estés dispuesto a dar. No sigas adelante si te sientes presionado. Infórmate acerca de las precauciones aconsejables ante una cita (la alarma silenciosa, por ejemplo). Si acudes a ella seguro y relajado, podrás disfrutarla mucho más. Cuando ya acumules experiencia, atiende a los principiantes como te atendieron a ti cuando te iniciabas o como te gustaríaque lo hubieran hecho. Puedes leer más información sobre iniciación en el BDSM en la sección Iniciación del Blog.





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