Las técnicas de modificación de conducta en el BDSM

Actualizado: abr 17

En el BDSM la parte Dominante influye de manera directa sobre la conducta de la parte sumisa. Para ello, bien de forma intuitiva o aprendida, se utilizan diversas técnicas de modificación de conducta.



Las técnicas de modificación de conducta las usamos todos de una manera natural, con mayor o menor acierto, cuando interactuamos con las demás personas e incluso con nuestras mascotas. Es propio del ser humano intentar modificar su ambiente, y, por supuesto, las acciones de los otros seres que tenemos alrededor.


En el caso de las personas Dominantes, estas técnicas se aplican con mucha más continuidad, ya que una gran parte la dinámica con la parte sumisa es que ésta adquiera, incremente o disminuya determinadas conductas, en función de si son del agrado del Dominante o no lo son.


Así, y aún sin saberlo, aplican, entre otras, las técnicas que se van a comentar a continuación. Utilizarlas de una forma correcta va a incidir decisivamente en el éxito o el fracaso de la modificación de la conducta que se desee.



Los dos grandes modelos de condicionamiento


1. El condicionamiento clásico


Paulov describió este modelo de aprendizaje que explica la adquisición de determinadas respuestas automáticas a través de la asociación de estímulos.


En resumen, consiste en asociar a un estímulo que potencialmente es neutro (denominado estímulo condicionado o EC), una respuesta automática del organismo (inicialmente respuesta incondicionada o RI), a través de un paso intermedio de asociación con un estímulo que sí provoca esa respuesta de forma automática en el organismo (estímulo incondicionado o EI).


Al asociarse en una o varias situaciones el EC-EI, el EC adquiere capacidad de suscitar las repuestas por sí mismo, sin necesidad de que se vuelva a dar el EI. En este momento, ya se hablaría de una respuesta condicionada (RC).


Por ejemplo:


  • La persona dominante y la persona sumisa entran en un ascensor (EC)

  • El dominante estimula sexualmente a la sumisa (EI)

  • El sistema nervioso de la persona sumisa responde (RI) incrementando su nivel de determinados neurotransmisores, incrementando la dilatación pupilar, la conductancia eléctrica de la piel, lubricando su zona genital, etc.


Pues bien, si esta situación se repite en el tiempo, el ascensor terminará teniendo la capacidad de suscitar en la persona sumisa la respuesta de sus sistema nervioso (RC) sin necesidad de que exista la estimulación sexual asociada.


Este aprendizaje puede darse incluso con una sola asociación en el caso de que la experiencia sea muy intensa, como puede pasar cuando se desarrolla una fobia.


Y si se consigue “crear” esta respuesta, también podemos extinguirla siguiendo el sentido contrario. Es decir, la extinción de la respuesta condicionada se producirá si se consigue que no se vuelvan a dar EC-EI juntos en el tiempo. Siguiendo nuestro ejemplo, la persona sumisa dejará de sentir activación sexual ante los ascensores cuando deje de darse durante mucho tiempo ese encuentro entre estimulación sexual y excitación en un ascensor.


Claro, que para que esto último se produzca de manera efectiva, no debe estar implicada la siguiente técnica de condicionamiento, que es la que hace que se incremente o disminuya la frecuencia de una conducta.



2. El condicionamiento operante


Skinner formuló el esquema de condicionamiento operante, un modelo basado en refuerzos y castigos. La idea es que los refuerzos incrementan la probabilidad de que se dé una conducta ya adquirida, y los castigos disminuyen dicha probabilidad. Es decir, que es la consecuencia de la conducta lo que hace que ésta se module.


Los tipos de refuerzos y castigos son los siguientes:


Refuerzo positivo: consiste en la aplicación de algo agradable para el sujeto.

En nuestro, caso, cuando la persona Dominante le dice, por ejemplo, “bien hecho mi niña” a la persona sumisa, es una forma de reforzar positivamente la conducta, de manera que ésta aumente.


Refuerzo negativo: consiste en la retirada de algo desagradable para el sujeto.

Por ejemplo, retirar algo que provoca malestar como consecuencia de una buena conducta. Es decir, podría ser una situación en la que la sumisa estuviese amordazada por decir una insolencia y el Dominante decidiese quitarle la mordaza porque ella se arrodilla y pide perdón con las manos. En consecuencia, se incrementa la probabilidad de que la sumisa pida perdón de esa manera ante una falta determinada.


Castigo positivo: consiste en la aplicación de algo desagradable para el sujeto.

Por ejemplo, una riña o la expresión de malestar por parte del Dominante. Los azotes tendrán la consideración de castigo positivo si son consecuencia de una falta de la parte sumisa. (Sin embargo, tendrán la consideración de refuerzo positivo si el Dominante los emplea con el fin de la estimulación erótica de la parte sumisa, por ejemplo. Es decir, los azotes tendrán una consideración u otra dependiendo del carácter que les imprima el Dominante.)


Castigo negativo: consiste en la retirada de algo agradable para el sujeto.

Por ejemplo, si la parte sumisa comete una falta, su Dominante puede aplicarle el castigo negativo de prohibirle ver el capítulo siguiente de su serie de televisión favorita.


El condicionamiento operante en el BDSM

Así, aplicando los refuerzos, ya sean positivos o negativos incrementaremos la probabilidad de que se repita la respuesta aprendida, mientras que ésta disminuirá mediante el uso de castigos. El efecto de refuerzos y castigos es mayor cuanto más inmediato sea.

Se tiende a pensar que la mayor parte de las técnicas que usan los Dominantes para modificar la conducta están basadas en el castigo, pero si nos paramos a analizar, se utiliza el refuerzo de muchísimas maneras en el entrenamiento de la parte sumisa.



Técnicas de Modificación de conducta


Las técnicas operantes consisten en la disposición ordenada de estímulos antecedentes y consecuentes con objeto de alterar la probabilidad de que se produzca una conducta. Los estímulos antecedentes son los que se aplica antes de que se produzca la conducta que se quiere modificar, y los consecuentes los que se aplican después de que ésta se dé.


Se trata de un grupo heterogéneo de procedimientos que pueden utilizarse para mantener o incrementar conductas, para enseñar o establecer conductas nuevas, o bien para eliminarlas o disminuirlas.