Leyendas de la rosa azul

La rosa azul lleva consigo un mensaje de amor eterno. Representa el amor eterno y especialmente dedicado a un imposible. Es el color del cielo, implica franqueza y libertad. También representan el intento por alcanzar lo imposible, el misterio y la esperanza de alcanzar un amor que es difícil o imposible.



Las rosas azules no existen en la naturaleza. A pesar de siglos de intentarlo, los cultivadores de rosas nunca lograron crear una rosa azul mediante procedimientos naturales. No ha sido hasta recientemente que, gracias a la ingeniería genética, se han podido crear rosas azules.


La rosa azul no pertenecía originalmente a la simbología BDSM. Sin embargo, las sumisas la han ido tomando progresivamente como su símbolo, el símbolo de la sumisión femenina. La rosa blanca representa a la sumisa novel, y esa rosa se va coloreando a medida que su Dueño la va cuidando.


Este sitio web se llama Rosazul como homenaje a todas las sumisas que están orgullosas de serlo, que se entregan a sus Dueños con total devoción y que van coloreando su vida bajo el cuidado de Ellos.


El halo místico que siempre ha rodeado a las rosas azules, por la imposibilidad de encontrar una, ha dado origen a muchas leyendas y cuentos sobre ellas. No son historias sobre el BDSM, pero merece la pena leerlas.





Leyenda China


Un poderoso emperador de la China, sabio y bondadoso, se sentía muy feliz en su palacio: su pueblo era dichoso bajo su gobierno, y su hogar, un paraíso de amor y paz. Pero algo había que le preocupaba en grado sumo. Su única hija, tan bella como inteligente, permanecía soltera, y no demostraba mayor interés en casarse.


El emperador quiso encontrar un pretendiente digno de ella, para lo cual hizo proclamar su deseo de casar a la princesa. Los aspirantes a la mano de la joven fueron muchos; por lo menos, ciento cincuenta. Pero la inteligente muchacha, encontró un modo de burlar la disposición que había tomado su padre. Dijo que estaba dispuesta a casarse para obedecer al emperador, pero muy sutilmente, pidió una sola condición para aceptar marido: quien hubiera de casarse con ella, debería traerle una rosa azul.


Los pretendientes se desalentaron ante ese pedido. Nadie había visto nunca una rosa azul. ¿En qué jardín del mundo florecería esa maravilla? Y con la seguridad de que hallar la rosa azul era una empresa imposible, la mayoría de ellos renunció a casarse con la bella princesa. Solamente tres persistieron: un rico mercader, un valiente guerrero y un alto jefe de justicia.


El mercader no era un soñador, sino un hombre muy sensato. De modo que, muy sensatamente, se dirigió a la mejor florería de la ciudad, donde, con toda seguridad, debía hallar lo que buscaba. Se equivocó. El florista no había visto jamás una rosa azul en todos sus años de comerciante. Pero el rico mercader ofrecía una fortuna a cambio de esa extraña flor, y el florista prometió ocuparse de buscarla.


Por su parte, el pretendiente guerrero, que había conocido tierras maravillosas en sus campañas, optó por dirigirse hacia el país del rey de los Cinco Ríos. Sabía que era un soberano riquísimo, en cuyo reino desbordaban los tesoros. El guerrero partió acompañado de cien soldados, y aquella comitiva armada y deslumbrante, causó una profunda impresión en el rey de los Cinco Ríos que, temiendo un ataque, ordenó a sus servidores que corrieran a traer la rosa azul para ofrecerla al caballero que la pedía. Volvió el criado trayendo en sus manos un estuche afelpado. Cuando lo abrió, el guerrero quedó deslumbrado. Dentro del estuche había un hermoso zafiro tallado en forma de rosa.


Sin duda era un presente real, y el guerrero, seguro de su triunfo, regresó con la joya a su país. Pero la princesa movió la cabeza al contemplar la joya. El presente del guerrero no era más que eso, una piedra preciosa, no una flor verdadera. Aquel regalo no correspondía a la condición exigida.


Poco tardó el mercader en saber que su rival había fracasado, y volvió a urgir a su florista para que le consiguiera la rosa azul. El comerciante se desesperaba sin resultado alguno, hasta que un día, su esposa, mujer llena de astucia, creyó encontrar la solución. Nada más fácil que teñir de azul una rosa blanca, y con ello, el mercader lograría la mano de la princesa y ellos una cuantiosa fortuna. Imposible describir la alegría del rico mercader cuando el comerciante de flores le hizo saber que ya había encontrado lo que necesitaba. Corrió a la florería, tomó la flor de pétalos azules y no demoró un segundo en llegar al palacio. Y cuando todos creían que el mercader había alcanzado su premio, la inteligente princesa movió su bella cabeza y dijo:


Eso no es lo que yo quiero. Esta rosa ha sido teñida con un líquido venenoso que causaría la muerte a la primera mariposa que sobre ella se posara. No acepté la joya del guerrero ni acepto la rosa falsa del mercader. Yo quiero una rosa azul.


A su vez, el alto jefe de Justicia, que había asistido al fracaso de sus dos rivales, vio que el campo quedaba libre para él. Pensó mucho tiempo en la forma de hallar la rosa azul que la princesa quería, y por fin, una idea feliz surgió en su mente. Visitó en su taller a un exquisito artista, y le pidió que hiciera un vaso de porcelana fina, donde debía pintar una rosa azul. El artista se esmeró en su obra, y cuando se la presentó al alto jefe de justicia, no dudó éste ni un momento que el triunfo era ya suyo. Con esta seguridad se presentó ante la princesa. La joven quedó realmente admirada ante aquel trabajo. Nadie había visto nunca un vaso de porcelana tan bello y transparente, y la rosa azul en él pintada, lo convertía en una verdadera obra de arte. Pero, aunque admitió el regalo y lo agradeció con gentil gesto, tuvo que confesar que no era una rosa pintada lo que ella quería. Mucho lo lamentaba, pero tampoco el alto jefe de Justicia había encontrado lo que ella pedía para conceder su mano.


La ingeniosa princesa se había salido con la suya, sin que su padre pudiera hacerle el menor reproche. Y desde entonces ya nadie volvió a hablar del casamiento de la princesa, ni se presentó ningún otro pretendiente a aspirar su mano, con gran regocijo de la joven.


Pero poco después, ocurrió algo que debía hacerle lamentar su ingeniosa treta. Comenzó a hablarse en el palacio de un joven trovador que recorría el país entonando dulces canciones. Y una noche la bella princesa se paseaba con una de las doncellas por el jardín del palacio, llegó a sus oídos una dulce melodía. No dudó que se trataba del trovador de que tanto le habían hablado, y rogó a su doncella que lo llamara. El trovador saltó el muro, y aquella noche cantó para ella sus más hermosas canciones. La princesa y el trovador se enamoraron, y el joven volvió otras noches a cantar bajo sus ventanas. Cada vez más grande fue su amor, y el trovador quiso presentarse ante el soberano para pedir la mano de la princesa. Entonces fue cuando la hermosa joven advirtió que la astucia que había empleado para alejar a sus pretendientes, impedirían que pudiera casarse con el trovador. Su padre le exigiría también a él que trajera la rosa azul. Y ella sabía que eso era imposible. Pero su enamorado la tranquilizó. Su amor todo lo podría.


Gran revuelo se produjo en la corte cuando se supo que un nuevo pretendiente se sometía a la prueba de hallar la rosa azul y que se presentaría con ella. El trovador atravesó por entre la fila de cortesanos y damas, y llegó hasta la princesa. Tendió la mano, y le ofreció una hermosa rosa blanca que momentos antes arrancara de su jardín. La princesa sonrió feliz, y con el consiguiente asombro de todos, manifestó que esa era exactamente la rosa azul que ella quería. Un murmullo de sorpresa y de indignación corrió por el salón, y hasta el mismo emperador miró a su hija, como si creyera que se había vuelto loca. Pero la vio tan dichosa, que comprendió todo, cortó de inmediato las hablillas diciendo que la princesa era quien había exigido tal condición, y que si ella, tan inteligente como todos los sabios de la corte, admitía que la rosa que le presentaban era azul, nadie podía dudarlo. Así triunfó el amor de la princesa china.





Leyenda Europea


Cuenta la leyenda que un rico comerciante, alertado por una fiel sirvienta de los amores de Elisa, su única hija, hacia Roberto el hijo del panadero del pueblo, envió a la muchacha a la casa de unos parientes. Alertando a los mismos de que cualquier nota o carta que intentase enviar que no fuese dirigida a él, fuese destruida sin que ella lo supiese.


La muchacha partió una tormentosa noche, después de haberse jurado horas antes amor eterno con Roberto, y prometiendo escribirse diariamente, puesto que desconocía el tiempo que habría de pasar en casa de sus parientes.


Una semana más tarde de la partida de Elisa, el padre empezó a divulgar rumores sobre una relación de su hija con el hijo de unos viejos amigos de la familia. Destrozado el pobre Roberto y con la imposibilidad de poder descubrir la verdad, partió del país en busca de fortuna y con la esperanza de olvidar a la única mujer que había amado.


Mientras tanto la enamorada Elisa seguía escribiendo diariamente a su dulce amor, desconociendo que sus cartas eran destruidas a las pocas horas. Extrañada de no recibir correo de Roberto, envió una carta a su padre, pidiéndole que la dejase regresar a casa.

Unos meses más tarde, Elisa feliz y enamorada volvía a su hogar. Espero durante unos días a que Roberto hiciese aparición por los jardines de la villa, pero su amor no venía. Extrañada por la ausencia de Roberto, Elisa pregunto inocentemente a su padre por las buenas nuevas del pueblo. El padre comenzó detallando las buenas ventas de sus productos, los viajes que había realizado en su ausencia, y los muchos de regalos que la esperaban en la bodega. Luego le relato los acontecimientos principales que habían acontecido en el pueblo, la boda del hijo del alcalde, la muerte del zapatero, la llegada al mundo del hijo del tabernero, y por último que el joven Roberto había marchado del pueblo en busca de fortuna, y que por lo que comentaban los lugareños, había conocido a una muchacha, y se había casado.


Cuando Elisa escucho que su amado Roberto se había casado creyó morir, la pena se instaló en su mirada y ocultando las lágrimas a los ojos de su padre, marcho a la alcoba, donde dio rienda suelta a su dolor.


Pasaron los días, y Elisa empeoraba, se negaba a comer, e incluso a pasear por el jardín, encerrada en la alcoba día tras día, sin más contacto con el mundo que las visitas de su padre para preocuparse cada día un poco más por el estado de su hija. Viendo que el dolor la estaba matando, decidió ir en busca del joven y consentir los amoríos de ambos, pero la vida a veces da giros insospechados, y cuando hallo al joven Roberto, en verdad se hallaba casado y muy bien situado económicamente. Roto de dolor por haberle causado tal aflicción a su dulce hija volvió al hogar, con muchos regalos para la joven, pensando que estos alegrarían el corazón de la misma. Pero ni los regalos, ni las joyas o vestidos, hicieron que Elisa volviera a sonreír.


Unos días más tarde la joven cayó enferma, el padre mando llamar a los mejores médicos de la provincia, pero ninguno hallaba la causa del mal que consumía a la joven. Desesperado el padre mando llamar a los más ilustres, pero tampoco estos daban con la causa de su mal.


Atormentado con la idea de que Elisa moría por su culpa, el padre partió hacia lugares lejanos, con la esperanza de encontrar un remedio para el mal de Elisa. Y en una recóndita isla, un anciano del lugar después de escuchar la historia del comerciante sobre la enfermedad de su hija, le respondió: "Su hija parece que sufre de pena de amor, y si no consigue que olvide a ese joven, esta pena la destruirá."


­- Eso quisiera -contesto el atormentado padre- pero por más que hago no consigo ni una mínima sonrisa, sus ojos estos muertos, es como si no viesen el presente. Elisa vive en un mundo al cual yo no puedo acceder.


Vaya al monasterio de la colina, cuente su historia al abad y este le dará un remedio —contestó el anciano


Sin pensarlo dos veces el padre emprendió el camino hacia el monasterio, y una vez allí, pidió audiencia con el abad del mismo. Este después de escuchar el relato, le pidió que le acompañara hasta el jardín. Pasearon por los hermosos jardines en silencio, hasta que se detuvieron frente a un hermoso rosal, de rosas azules. El abad con mucha ternura corto una de las hermosas rosas y se la entregó al comerciante.


Regálele esta rosa a su hija —dijo— cuando respire el perfume de la rosa el dolor que habita en su corazón desaparecerá.


¿El perfume de la rosa? —pregunto extrañado el padre.


Si. Esta hermosa y extraña rosa es conocida por la Flor del Olvido, y solo actúa sobre aquellos que en verdad han amado más que a su vida misma. No pierda más tiempo aquí, y corra hacia Elisa cada segundo que pasa es vital para ella.


El padre partió de inmediato hacia su hogar. Al llegar al mismo, se encontró a toda la servidumbre cabizbaja y llorosa, pensando que ya era demasiado tarde, y con el corazón destrozado, subió hacia la alcoba de Elisa, encontrándola postrada en la cama, con la cara pálida como de cera, y hermosa como un lirio. Arrodillado a su lado lloro desconsolado, inclinándose ante ella para depositar un beso en su frente, noto la calidez de una entrecortada y lenta respiración. Alegrado por la idea de que Elisa aún vivía, cogió la rosa, y la acerco a su nariz, y a medida en que la joven iba respirando la fragancia de la rosa, el color volvía a sus mejillas, mientras el de la hermosa rosa desaparecía, hasta volverse negra.


Elisa abrió los hermosos ojos verdes, y sonriendo a su padre le beso. No recordaba nada de su pasado amoroso, volvía a ser la traviesa chiquilla llena de vida que hacia las delicias de su padre.





La Leyenda del Trovador


Acercaos jóvenes de todos los países, dejad que este trovador os explique la historia de una verdad... Una leyenda que se explica desde tiempos ancestrales, desde antes de que el hombre fuera hombre... Dejad que os pueda traer un poco de la magia del amor, la magia que solo los cuentos y las leyendas de príncipes y princesas, que reyes y reinas disfrutan vosotros también las podáis disfrutar... Dejad que vuestras mentes vuelen por un mundo donde todo es posible... Dejad que este humilde trovador os cuente la leyenda de la rosa azul:


Un día en mi jardín, una flor apareció, era grande y hermosa, con un vivo rojo pasión.

Era la rosa más bonita de mi jardín, la cual cuidé y amé sin fin.


Pero un día y sin saber porque mi flor amada empezaba a perecer...


Impotente la cuidaba, y le daba todo mi amor,


Pero nada podía hacer para salvar a aquella flor.


Un día paseando llegue hasta un extraño jardín,


Y en uno de los bancos empecé a llorar sin fin.


Mi flor se marchitaba y no la podía ayudar,


Me sentía tan impotente que solo quería llorar.


Pero sin saber porque, hacia un rincón me dio por mirar,


Y vi una rosa que era azulada como el mar.


Con sumo cuidado la tome en mis manos,


Y la lleve a mi jardín para poderla trasplantar.


Al lado de mi flor la logré plantar, y aquella agonía llego a su final...


Mi flor empezó a reponerse, e incluso mejoro,


y cada día que pasaba se ponía mucho mejor.


Durante meses y años, las dos flores parecían quererse amar, y cada día que pasaba, su amor no parecía querer terminar...


Pero un día, después de muchos años, mi flor se marchito, y cuando fui a mi jardín, aquella flor azulada desapareció.


Explica la leyenda que mi flor se reencarnó, en un joven maravilloso de gran corazón.


Pasaron los años, y el muchacho encontró, aquel que con tanto esmero siendo una flor le cuido.


Al verlo en humano, un abrazo le dio, y su casa y cobijo le ofreció.


Desde ese día, al igual que cuando fue una flor, le cuido y le mimo, pero él estaba triste, porque le faltaba su amor, aquella flor azulada que un día la vida le devolvió.


Pero sus destinos marcados por fin les volvió a unir, y aquella flor azulada también se reencarnó, en una preciosa mujer, que le encandiló.


Que todas las generaciones sepan la verdad,


que la leyenda de la rosa azulada es pura realidad.


En una vida pasada ellos dos estaban predestinados, y en sus vidas futuras volverán a ser amados.


Es la historia de un amor, que traspasó las fronteras del tiempo y del espacio, un amor tan puro y verdadero que por todo el mundo fue envidiado.





Fuente: Publicado el 19 de julio de 2008 por Jyhael

Publicado en RosazulBDSM el 22 de julio de 2018

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