Relaciones D/s: el peor dolor es el de la ruptura

Actualizado: 5 de ago de 2018

Frente a la visión que tienen algunos de que el BDSM son simplemente "juegos de cama", la realidad es que tanto sumisas como Dominantes empeñan sus almas en estas relaciones. Y las pierden cuando las relaciones se terminan.


La silla se quedó desnuda a principios del verano.

Necesitaba tiempo, pensar en calma, todo eso que se dice en las despedidas.

A cambio dejé vacío mi asiento preferido, en un lugar destacado, como una forma de escenificar la ausencia.

Una tabla sostenida por cuatro patas, un abismo soportado por el recuerdo.


Gabrel, 24 de julio de 2012. Trazos D/s


No era un día como los otros... en este, la espera era diferente, el corazón no latía con fervor por la llegada de Él, aun así, ella esperaba, de rodillas, en silencio, como siempre, como el lo pedía y ordenaba..


En el centro de aquella habitación, solo se encontraba ella y aquel cojín, donde tantas veces, su Amo le daba el permiso para sentarse, ese cojín donde podía tomar la pierna de su Amo, donde le ofrecía tantas sonrisas, miradas y suspiros... en el piso.


Una pequeña mesa de madera les acompañaba, el silencio reinaba... sobre ella, la correa, aquella cadena que tantas veces su Amo ponía en el collar, aquel que le marcaba como su propiedad, aquel que le hacía sentir orgullosa... aquella correa que tantas veces ha jalado y tensado, con el que tantas veces le acercó a su rostro y sin palabra alguna, le decía que era suya y ella sonreía ufana, orgullosa de pertenecerle y así, lo comprendía.


Hoy era un día diferente, su mirada era triste, una lágrima escapaba y por su mejilla rodaba, su rostro miraba al piso, esperando que llegase aquel que es su Amo...


Un cofre, cerrado con candado, un cofre sucio, envuelto en polvo y tierra, un cofre lleno de promesas y votos, había sido desenterrado...Resguardando, pétalos de rosa, blancos y rojos, un tallo seco, espinas envueltas en sangre seca, una vela y una cuerda. Junto aquel cofre, un plato extendido, blanco como la nieve en la montaña.


Un sonido le estremeció hasta el alma de aquella sumisa, sacándola de su estupor, los pasos de su Amo se escucharon, retumbaban en aquella habitación, Él, se acercaba, llegaba, el corazón de ella, se sobresaltó, pero su mirada no levantó. Avanzó hasta ella, dejando distancia entre ambos... Amo y sumisa en aquella habitación, pero no había excitación, no había incertidumbre de lo que Él haría, no había nervios por lo que pasaría... Y su voz, se hizo presente.


- Hoy...


Él, quien en todo momento mantenía calma, autocontrol, quien con aplomo ordenaba, dictaba y decidía, no pudo continuar, las palabras se le quedaban en la garganta, la voz se le quebraba y un nudo en el pecho le consumía, pero sabía que debía continuar...


- Hoy... por todo aquello que se ha dicho... hoy... yo...


Miró hacia arriba, cerró los ojos y con gran dificultad, suspiró.


- Hoy... yo... yo te doy la libertad...


Ella no pudo más y en ahogados sollozos, lágrimas en su rostro lloraba sin compasión, trataba de hacerlo en silencio, pero aquellas palabras, eran como una daga que atravesaba su corazón...


Él, hacia un esfuerzo supremo por no hacer lo mismo, cerraba sus puños con fuerza y apretaba su pecho para evitar cualquier indicio de debilidad... pero su corazón latía y sufría.


- Hoy... ya no estás más bajo mi dominio... por lo que... desde este momento, tienes el poder en ti, ese que me cediste alguna vez, ahora es tuyo... Eres libre de ir y venir a gusto y placer, tu cuerpo y tu voluntad están nuevamente contigo...


Guardo silencio, lo que venía era duro de decir, de pronunciar, pero, lo tenía que hacer.


- Ahora... tú... tú... retira ese collar que un día puse en tu cuello y depositalo en ese cojín.


Ella, con lerda lentitud, liberó sus manos que se entrelazaban frente a su cuerpo, y con sollozos que no podía evitar, aquel collar quitaba, aquel collar que era parte de su piel, de su cuerpo, de su mente, lo quitaba con sentimiento y agonía... no deseaba hacerlo, pero sabía que debía... Inconscientemente, lo llevó hasta sus labios, dejándolo un momento ahí, como grabando un beso, un beso que llevaba su esencia... y lo dejó sobre aquel cojín.


- En este momento... en este momento, los votos que te ataban a mi... quedan disueltos...


Su voz se quebró al pronunciar aquellas palabras.


- Eres... eres... libre.


Él, abre el candado, con la llave que colgaba de su cuello, de su interior, saca la vela y las rosas secas, retira los pétalos y los deposita en aquel plato blanco...


Entrega la vela a quien fuera su sumisa y la enciende, ella sabe que debe hacer, en esta ocasión, la cera no tocaría su cuerpo, no le haría gritar, gemir, retorcerse de dolor, de placer... su fin era otro...


No se lo han ordenado, aunque hubiese querido que así fuera; envuelta en un mar de lágrimas, con esa vela, ella quema aquellas flores, aquellos pétalos que se encontraban manchados con pequeñas gotas de sangre seca, quedando solo rastros carbonizados de lo que un día fue.


Él, toma de esa mesa la correa, la cadena que tantas veces su mano sostuvo y con ella guiaba el andar de quien fuera su propiedad; le veía y sin pensarlo, se perdía en los recuerdos... Más sabía que debía continuar.


- Te entrego la correa... esta correa de la cual, ahora eres dueña, significa que ya no es mía y que tu tomas las riendas de tu destino, de tu propia vida... Ya no estás más a mi disposición, ya no estás más bajo mi dominio, ya no debes estar más de rodillas, así que, por favor, ponte de pie.


Ella con esfuerzo por lo que iba a hacer, dejar el sitio que le correspondía, se resistía, pero debía, sabía que tenía que hacerlo, y así, lentamente entre lágrimas y sollozos, sus rodillas dejaron el piso... ella se puso de pie, no porque se lo ordenaban,se lo solicitaban.


- Ahora, quiero que sepas, que te deseo lo mejor, una vida plena y llena de felicidad. Por favor, te pido, te suplico... retírate y sientas lo que sientas, no vuelvas la vista atrás.


Ella se quedó un momento ahí, ambos se miraban, estaban dolidos por lo que ocurría. Con profunda tristeza, ella dio la vuelta y caminó lentamente... deseaba voltear, regresar, abrazarlo y decirle que no lo dejaría, que ella era suya, que Él era su guía, su luz en la noche, su luz de día, pero... siguió adelante; en su mano izquierda, su correa, la derecha en su boca, ahogaban sus deseos por llorar a grito abierto, por liberar ese dolor que le consumía.


Sabía que cruzar la puerta, era el inicio de un nuevo camino, cerrarla, era dejar en aquella habitación, el secreto hecho cenizas y que ambos sabían, jamás sería revelado aquello que durante su relación había pasado. Alegrías, dolor, placer, agonía, marcas, complicidad, amor, risas, lágrimas... quedaban en las cenizas.


Ella cruzó el marco de la puerta, la cerró y no regresó más...


Él, con el corazón desecho, no pudo evitarlo más, lágrimas silenciosas escapaban, llenas de dolor; aún así, el prosiguió... tomó el plato y se acercó hasta la ventana, la abrió y sopló las cenizas que ahí se contenían y miró como el viento se llevaba un trozo de su vida.




Autor: Carlos Crixus Noir. Publicado el 30 de julio de 2018 en Realidades y pensamientos de un Dom

Nota del autor: El escrito anterior fue realizado, tomando como base la "ceremonia de liberación" publicado y escrita por Domme Geneever.


Publicado en Rosazul BDSM el 3 de agosto de 2018

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