BDSM: Sobre posturas, gestos, miradas y demás

Actualizado: 7 de ago de 2018

Cada relación Amo-sumisa es única y distinta de todas las demás. Hay muchos elementos que contribuyen a que sea así, y entre ellos están el habla, la mirada, los gestos y las posturas. En este artículo, un Amo nos ofrece su visión de estos importantes detalles.



No es ningún secreto que a los Amos nos gusta que las sumisas guarden en todo momento las formas y el protocolo establecido. ¿A qué Amo no le agrada que su sumisa le reciba adoptando una cierta postura o que demuestre su entrega expresándolo verbalmente con una frase?


Valoro mucho la espontaneidad en una sumisa. Llegados a un cierto punto, considero que ella debe tener la capacidad de demostrar su entrega sin necesidad de que yo le indique cuándo y cómo ha de hacerlo. Que se despida de una conversación en la que en ningún momento hemos hablado de temas BDSM con un “A sus pies, Amo”, que por iniciativa propia se arrodille ante mí en un momento y lugar determinados, que escriba un relato inspirado en la última sesión que llevamos a cabo, etc. constituye, para mí, motivo de alegría.


Posturas, frases y gestos son parte integrante, no ya de las sesiones, sino de la propia relación entre Amo y sumisa. Sin embargo, los Amos debemos ser conscientes de que la memorización de tanto protocolo requiere un cierto esfuerzo por parte de ella. Por esta razón, hemos de llegar a un compromiso que permita establecer una serie de protocolos, pero sin llegar al punto en que la sumisa se agobie. Cuando olvida alguno, el camino fácil implica pensar que ha sido negligencia suya. No obstante, también deberíamos plantearnos si, en vez de suya, la negligencia ha sido nuestra. Una sumisa olvidadiza puede ser castigada, pero primero tenemos que preguntarnos a nosotros mismos si no nos habremos extralimitado. La capacidad de memorización tiene un límite, así que antes de impartir órdenes sobre protocolos, pongamos siempre por delante la premisa de que en este juego han de divertirse ambas partes.



En el tema de las posturas tengo, como todo el mundo, mis preferencias. No os voy a descubrir ninguna postura nueva que desconozcáis. Simplemente, aprovecho la oportunidad que me brinda el blog para dejar constancia de mis gustos. Me gustan especialmente tres posturas.



  • Arrodillada, con las piernas separadas, manos apoyadas sobre éstas por encima de las rodillas con las palmas hacia arriba y los hombros echados hacia atrás, ofreciendo sus pechos. Una clásica postura de espera.

  • Como la anterior, pero con las manos detrás de la cabeza y codos separados, formando entre ellos un ángulo de 180 grados. En general, me agradan todas las posturas en las que los brazos de la sumisa quedan por encima de los hombros debido a que los pechos quedan alzados.

  • Arrodillada, postrada hacia mí con la frente tocando el suelo, los brazos estirados delante de la cabeza y las palmas de las manos apoyadas en el suelo.


Invito a las sumisas a que experimenten ante el espejo –bajo la supervisión de su Amo, si lo tienen, o por cuenta propia, si no es así– realizando diferentes posturas, pues quizá descubran aspectos de su cuerpo que hasta ese momento les habían pasado desapercibidos. No me estoy refiriendo a aspectos únicamente físicos. Mi experiencia personal me dice que estos ejercicios permiten que la sumisa –o la mujer en general, pues no tienen por qué estar limitados sólo a las sumisas– conozca mejor su cuerpo y se sienta más a gusto con él.


En este artículo Posturas de una sumisa podéis ver varias posturas que pueden gustaros o, como mínimo, serviros para crear otras que sean de vuestro agrado.



No sólo las posturas sirven para demostrar sumisión y entrega. Un simple gesto también puede tener un significado importante. Algunos incluso pueden ser realizados en público, pues para los profanos pasarán perfectamente desapercibidos. Como ejemplo práctico os puedo poner uno que usamos Satín y yo: ella me coge la mano y me besa el dorso. Algo tan sencillo como esto, para nosotros tiene un significado como Amo y sumisa, pues ella me besa la mano como tal. Cuando lo hace, sé que me está diciendo “Estoy a sus pies, Amo”. “Una tontería”, pensarán algunos. Quizá, pero cada gesto tiene la importancia y el significado que cada uno le quiera dar.



Dejamos los gestos y las posturas y pasamos a algo más sutil: las miradas. No es fácil someter a una sumisa sólo con la mirada, pues debe estar predispuesta a ello. Para conseguirlo, ha de respetar al Amo y sentirlo como tal. Partiendo de esta premisa –tema extenso y del que ya he hablado en otros artículos de forma directa o indirecta–, usar la mirada para someter a una sumisa es algo que me proporciona mucha satisfacción. Metafóricamente hablando es como si “lanzara” la mirada para envolverla con ella y hacerla mía. El resultado suele ser que ella acaba apartando sus ojos de los míos e incluso protestando, lo cual me divierte aún más.



Del mismo modo, también puede usarse el tono de voz como arma para someter. En este caso no se trata tanto de lo que se dice, sino de cómo se dice. Una misma frase, dicha con un tono más aterciopelado y/o más duro, puede obrar efectos importantes en la actitud de una sumisa: excitarla, asustarla, ponerla en guardia… o todo a la vez. Si se acompaña la voz de algún gesto complementario –tirar del pelo hacia atrás, caricias, etc. – adecuado a la situación, el resultado puede ser explosivo.


En cuanto a lo que se dice, hay que tener en cuenta que, por ejemplo, un insulto dicho a destiempo puede dar al traste con una sesión bien llevada hasta ese momento. Sin embargo, dicho en el momento justo y con el tono y/o gestos adecuados, puede tener el efecto deseado sobre la sumisa.



Espero que este artículo, redactado a partir de mi propia experiencia personal, os sirva para desarrollar vuestras propias técnicas de dominación y, en todo caso, para divertiros más y mejor con vuestros juegos BDSM.



Fuente: Artículo publicado por Hellcat el 12 de abril de 2006.

Publicado en RosazulBDSM el 6 de junio de 2018


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