Feminismo y BDSM

“Me siento sumisa pero también soy feminista, y estoy confusa al respecto; no sé si se pueden compatibilizar ambas cosas.” Esta es una situación que se viene dando desde hace años entre las mujeres sumisas, y especialmente entre las que descubren después de su juventud que les gusta ser sumisas. Y en los últimos años, con el auge del feminismo y los mensajes que emite, la situación se ha vuelto aún más frecuente. Estas mujeres ven como contradictorios su sentimiento sumiso y su creencia en el feminismo, lo que les genera confusión, incertidumbre e incluso angustia. Por un lado, sienten la atracción irresistible del BDSM y por otro se preguntan si ello las convierte en “malas feministas”. Pero, ¿es así? ¿Sentirse sumisa en el ámbito del BDSM convierte a una mujer feminista en una mala feminista? O, ¿se puede ser feminista y sumisa? Las respuestas a esas cuestiones, en mi opinión, debe ser personal. Es decir, cada mujer debe construir su propia opinión al respecto tras informarse lo mejor posible. Así que el objetivo de este artículo es, únicamente, presentarte los argumentos que esgrimen las dos principales corrientes feministas al respecto de feminismo y BDSM. Después deberás ser tú quien forme tu propia opinión personal. Las dos visiones resumidas Desde los años 70, en el feminismo ha habido intensos y continuados debates sobre el tema del feminismo y el BDSM. A lo largo de los años la discusión se ha ido centrando hasta llegar a la actualidad, en la que hay dos corrientes principales de opinión sobre el tema en el seno del feminismo. De modo muy resumido, estos son los postulados de ambas corrientes. El feminismo radical Esta corriente defiende que la raíz de la desigualdad entre géneros ha sido un constructo que definen como “el heteropatriarcado”, es decir, la dominación del varón sobre la mujer a lo largo del tiempo, de manera directa, o indirectamente a través de un entramado de costumbres, creencias y ritos sociales. Según esta corriente de pensamiento, el BDSM reproduce los roles del patriarcado al crearse una relación de poder entre los hombres, que ejercen el rol dominante, y las mujeres, que ejercen el rol sumiso. Y el deseo sexual de esas mujeres nace de la reproducción de los roles del patriarcado, puesto que es lo que la sociedad heteropatriarcal les ha enseñado desde siempre. Es decir, el consentimiento que está presente en las relaciones BDSM es una decisión que no toma la mujer libremente, sino porque es el rol sumiso que le han enseñado. El feminismo “pro-sexo” (sex positive) Esta corriente defiende que la opresión y la violencia hacia las mujeres no están presentes en una práctica sexual consensuada. Coinciden en afirmar que el patriarcado incluye dinámicas de abuso de hombres a mujeres, pero que eso no es así en las prácticas sadomasoquistas, donde una mujer decide libre y conscientemente lo que quiere hacer. Cede su poder cuando quiere y a quién quiere. Pone límites y controla, con lo que no hay abuso. El BDSM no está limitado a parejas heterosexuales en las que el hombre detenta el rol de dominante y la mujer el de sumisa. Hay hombres sumisos, mujeres dominantes y parejas homosexuales (gais y lesbianas) que disfrutan igualmente de estas prácticas. Para el feminismo pro-sexo, esto es una muestra de que el BDSM está más allá del heteropatriarcado. Pero para el feminismo radical, cuando un hombre heterosexual adopta el rol sumiso lo hace para probar el cambio de roles, sabiendo que puede deshacerse de él cuando quiera. Forma parte de su privilegio masculino. Las mujeres, en cambio, no pueden escapar de ese rol sumiso porque es donde se les encaja en la vida diaria. Las mujeres dominantes o las parejas homosexuales están, simplemente, reproduciendo los roles patriarcales. Las dos visiones más desarrolladas Es posible que te haya parecido que los dos puntos anteriores están demasiado resumidos. Por si es el caso se han incluido a continuación dos artículos escritos por Catherine Scott (Catherine Scott | Bitch Media), escritora y bloguera feminista independiente (desgraciadamente fallecida en 2018). En el primer artículo presenta los argumentos del feminismo radical, y en el segundo los argumentos del feminismo pro-sexo. No son artículos largos, pero sí muy ilustrativos de ambas posturas, y su lectura es muy recomendable para cualquier persona interesada en el tema. Sí después de leerlos aún deseas más información al respecto, al final de este post encontrarás algunos enlaces útiles (aunque la mayoría de las lecturas están en inglés). Tras ambos artículos, al final del post, encontrarás las conclusiones. ¿La sumisión femenina significa opresión? por Catherine Scott Publicado el 9 de julio de 2012 en Bitch Media En los años 70 y 80, las feministas se oponían enconadamente al BDSM, y las mujeres que se ofrecían a ser dominadas eran fuente de la mayor controversia. En su libro Esclavitud sexual femenina, Kathleen Barry describió el BDSM como "un disfraz para el acto de forzar sexualmente a una mujer contra su voluntad". Las lesbianas que practicaban el BDSM tampoco se libraron de la condena. Como dice Jocelyn Borycszka en su libro Suspect Citizens, se las acusó de reproducir simplemente "la propia dinámica de poder masculina utilizada para perpetuar la opresión de las mujeres". ¿Y qué pasa con la libre elección, concepto que las feministas proclaman y maldicen al mismo tiempo? Para algunas, la libre elección no tiene sentido si se produce en un sistema de opresión. Diana Russell descartó la "defensa del consentimiento" cuando escribió sobre la pornografía BDSM: "La cera de las velas hirviendo gotea sobre los pechos de una mujer atada. ¿Había dado su consentimiento de antemano? Incluso si lo hubiera hecho, se trata de un acto violento". Para las feministas anti-BDSM, no puede haber una verdadera libre elección al "responder a un modelo de interacción sexual que se nos ha inculcado durante toda la vida". Además, al aceptar desempeñar un papel sexualmente sumiso, una mujer está dañando activamente el feminismo al "reforzar la legitimidad de los desequilibrios de poder fuera del dormitorio." (Nichols, Pagano y Rosoff, citados por Margot Weiss). Sin embargo, algunos críticos modernos son más comedidos. La profesora de Estudios de la Mujer y el Género Breanne Fahs, autora de Performing Sex, sugiere que "el placer no excluye un enfoque autocrítico". Fahs anima a las mujeres que disfrutan de la sumisión a "dirigir una mirada crítica a por qué hacen esas cosas y lo que esos comportamientos dicen sobre las grandes historias de género y poder". Continúa diciendo que "tiene sentido que las mujeres puedan interiorizar la necesidad de distanciarse de sus propios deseos teniendo [por ejemplo] fantasías de violación". Esto se hace eco de las palabras de Norma Ramos en un número de 1995 de la revista Ms., donde afirma que "las mujeres están socializadas para obtener realmente placer sexual a través de su impotencia". Tal vez la semejanza de muchas actividades BDSM con auténticas representaciones de violencia contra la mujer sea la razón por la que algunas feministas simplemente no crean que la sumisión femenina en el BDSM pueda ser nunca consentida. Un buen ejemplo de ello fue el debate en torno al oficial de la Policía Montada de Canadá que disfrutaba de la pornografía BDSM en la que aparecían mujeres sumisas. La feminista canadiense Meghan Murphy escribió que el cabo Jim Brown "fetichizó el abuso y la degradación de las mujeres" al poseer fotografías de mujeres en régimen de servidumbre, negándose a considerar siquiera la posibilidad de que las mujeres que participaron en las imágenes dieran su consentimiento o tuvieran capacidad de decisión. La comunidad BDSM tampoco es inmune a las críticas desde dentro: Margot Weiss descubrió que "muchos practicantes se quejaban del sexismo en el ambiente BDSM ". Varias mujeres informaron a Weiss de que se presumía que eran sumisas en virtud de su género, independientemente de su orientación real hacia el BDSM. La asociación automática de la feminidad con la pasividad es preocupante: El BDSM es más difícil de defender para las feministas cuando refleja "acuerdos normativos de género". Las opciones sexuales de las mujeres tienen un peso político, y en una sociedad en la que la igualdad sigue faltando en tantos campos, muchas feministas siguen pensando que ceder el poder en el dormitorio es cederlo en otros lugares. La escritora de izquierdas Yasmin Alibhai-Brown se hizo eco de sentimientos de hace 30 años cuando afirmó que el atractivo del BDSM no es más que una estratagema moderna para restar poder a las mujeres mientras se acercan a la igualdad: "Hay que recordarles su lugar y deben volver a aprender la sumisión". Así que la profesora Fahs puede tener razón al decir que "todos los comportamientos sexuales corren el riesgo de ser distorsionados... por fuerzas regresivas" cuando la popularidad de un libro erótico [50 Sombras de Grey] se interpreta como una prueba de que "cansadas de la lucha por la igualdad, las mujeres quieren refugiarse en ser mandadas por un hombre en el dormitorio ". Pero la tendencia de los medios de comunicación reaccionarios a aprovechar cualquier excusa para desestimar el empoderamiento femenino, ¿es razón suficiente para que las mujeres eviten el comportamiento sexualmente sumiso, o al menos las fantasías al respecto? Norma Ramos cree que sí: "Estoy obteniendo placer sexual de [la sumisión], así que ¿qué puedo hacer al respecto? Hay que trabajar para cambiar eso. Hay que desafiarlo", dice. Para algunas feministas, la única respuesta a la omnipresente cultura de la violencia sexual es que las mujeres que disfrutan haciendo de sumisas reescriban sus fantasías. No, la sumisión femenina no significa opresión por Catherine Scott Publicado el 11 de julio de 2012 en Bitch Media "[Algunas feministas creen] que nuestra sociedad es tan patriarcal que las mujeres no pueden participar válidamente en el S/M... Supongo que esas autoras no dirían que nuestra sociedad es tan patriarcal que una mujer no puede consentir válidamente en tener un aborto". Jay Wiseman, autor de S/M 101. La mujer que admite disfrutar de la sumisión sexual a menudo se encuentra atrapada entre el yunque de una sociedad sexista que le dice que sólo está ejemplificando la verdadera naturaleza de la mujer, y el duro martillo de una comunidad feminista que la considera una mujer con el cerebro lavado por el patriarcado. ¿Por qué rara vez se acepta a una sumisa como "una mujer que simplemente se excita", se pregunta Cliff Pervocracy? Una parte de la respuesta puede ser que los medios de comunicación no ayudan. Como señala la feminista Mollena Williams, coautora de Playing Well With Others, "si la gente ve que las imágenes del BDSM, los látigos, las cadenas y el dolor son similares a las imágenes de los asesinos en serie del cine y la televisión, por supuesto que pueden sentirse repelidos y confundidos". Pero eso en sí mismo no hace que una actividad sea mala, o antifeminista. Las feministas que condenan a las mujeres sumisas "confunden las preferencias sexuales de las mujeres sumisas con un sistema general que se aplica o debería aplicarse a todos", dice la feminista pro-BDSM Gayle Rubin. Cuando el comportamiento sexual de las mujeres se somete a un escrutinio negativo y es considerado "deficiente" por otras mujeres, no se trata de feminismo, sino de fanatismo, a menudo alimentado por poco más que prejuicios personales. El enjuiciamiento sexual puede ser una calle de sentido único en la comunidad feminista, con la supuestamente feminista omnisciente y superior criticando a la mujer "con el cerebro lavado y el patriarcado interiorizado” que disfruta del BDSM. Sin embargo, nadie se atreve a preguntar por qué las feministas anti-BDSM son tan neutrales. Tal vez nos parezca poco fraternal, pero ¿qué hay de fraternal en que unas feministas digan a otras feministas que son "ingenuas del patriarcado"? Las que condenan a las sumisas deberían considerar qué condicionamientos han creado su propia brújula sexual antes de juzgar a los demás. Como dice Cliff Pervocracy, "no me meto en los casos de las mujeres vainilla, sobre cómo tal vez sólo son vainilla porque la sociedad desalienta a las mujeres de las opciones sexuales no convencionales". Además, el argumento del condicionamiento es demasiado simplista: para Mollena Williams, salir del armario como sumisa le supuso rechazar, no aceptar, gran parte de su condicionamiento. Dice: "Me enseñaron que ser fuerte era lo primero que había que ser, especialmente... como mujer negra. Ser sumisa, ser obediente, NO era aceptable". Las feministas anti-BDSM también necesitan entender la diferencia entre los juegos consensuados y la violencia contra las mujeres, ya que sistemáticamente no distinguen entre ambos. Mientras que una mujer dominada en un escenario BDSM y una escena de violación pueden parecer similares para el espectador inexperto, son tan diferentes entre sí como hacer paracaidismo y ser empujado de un avión. En oposición directa a una cultura que tan a menudo ignora el consentimiento y el deseo de las mujeres, el BDSM pone en primer plano el derecho de la sumisa a elegir: el derecho a cambiar de opinión, el derecho a decir no, el derecho al placer. ¿Desde cuándo el patriarcado se preocupa de que las mujeres disfruten de alguno de esos privilegios? El BDSM a menudo prioriza el consentimiento y la seguridad de manera mucho más efectiva, especialmente para las mujeres heterosexuales, que la cultura sexual de la corriente principal vainilla. El hecho de que sólo las mujeres vean sus gustos sexuales como un mero resultado de un lavado de cerebro sexista se debe probablemente a la inclinación de nuestra cultura por negar a las mujeres su capacidad de acción. ¿Cuándo fue la última vez que se oyó decir a un hombre que disfruta de los servicios de una dominatrix de no querer realmente su salario, o el voto, o una vida libre de violencia? Especular con que las mujeres disfrutan de la sumisión sexual porque "el libre albedrío es una carga para las mujeres del siglo XXI" es adoptar una visión condescendiente y limitada de la inteligencia y la sexualidad de las mujeres. La gente se excita por muchas cosas que no son necesariamente indicativas de su vida en general. ¿Y por qué nadie tiene en cuenta que sólo cuando el estatus de una persona en la sociedad no está en cuestión, se siente segura para entregar el poder? Como escribe Stacey May Fowles, "cuanto más me sometí sexualmente, más pude ser autónoma en mi vida externa, más pude lograr la igualdad en mis relaciones sexuales y románticas". Al condenar a las sumisas, las feministas les quitan autonomía. Fowles observa que, en la tormenta de los medios de comunicación sobre 50 sombras, "nadie se tomó el tiempo de preguntarle a una sumisa cuáles son sus deseos o necesidades personales". Cliff Pervocracy está de acuerdo: "Cuando te mire a los ojos y te diga 'quiero esto, elegí esto, busqué esto', créeme. Si confías en que las mujeres conocen sus propias necesidades, créeme; y si no lo haces, no te llames feminista". Cuestiones a valorar Antes de terminar me gustaría plantear unas cuestiones a los argumentos del feminismo radical que creo que son relevantes para forjarse una opinión sobre la sumisión y el BDSM. En primer lugar, el feminismo radical parte de la premisa de que los roles dominante y sumiso se puede elegir. Pero no es así, excepto que se trate de juegos aleatorios de dormitorio. Como pueden confirmar la mayoría de las personas que practican el BDSM, su rol no es el resultado de una elección, sino que “son así”. Muchas de esas personas dicen que cuando tienen relaciones fuera de su rol “sienten que falta algo” (por ejemplo, personas sumisas cuando mantienen relaciones convencionales). También dicen que cuando desempeñan su rol alcanzan unas cotas de placer y serenidad que no pueden alcanzar en relaciones en las que no desempeñan ese rol. Un hombre que adopta el rol sumiso no puede deshacerse de él cuando quiera, simplemente porque ese rol forma parte de su esencia como persona. Este planteamiento del feminismo radical recuerda mucho a ese otro planteamiento que dice que la homosexualidad es una cuestión de elección, o una enfermedad que se puede (y se debe) curar. En cualquier caso, lo mejor es que cada persona se plantee si su rol de sumisión es algo que ha elegido voluntariamente, si puede cambiarlo por otro o si puede eliminarlo con tan sólo aplicar su propia voluntad. En segundo lugar, el feminismo radical niega que una mujer pueda dar libremente su consentimiento a tener una relación BDSM si su rol es el de sumisa, puesto que desempeñar ese rol es lo que le han enseñado siempre. De la misma manera, el feminismo radical opina que las mujeres dominantes y las parejas homosexuales tampoco han sido libres de elegir sus roles, porque lo que están haciendo es reproducir los roles patriarcales. En este punto deberá ser cada persona la que medite sobre si, cuando se siente atraída hacia el BDSM, actúa condicionada por el patriarcado o si actúa desde la libertad de hacer lo que realmente desea. En tercer lugar, y relacionado con el anterior, para feminismo radical no existe el derecho de la mujer a la libertad sexual ni el derecho a explorar su propia sexualidad, cuando se trata de BDSM (no existe ese derecho porque las mujeres actúan condicionadas por el patriarcado). Obtener estos dos derechos fue uno de los motores fundamentales (junto a otros muy importantes también, como la igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades, etc.) de la revolución feminista iniciada en los años 60. Como en el punto anterior, cada mujer deberá meditar sobre si su libertad sexual se extiende a poder realizar libremente cualquier actividad sexual que desee, o si esa libertad sexual no incluye al BDSM. Conclusión Hay que tener en cuenta que las dos corrientes del feminismo de las que hemos hablado son corrientes políticas y que, por tanto, sus postulados son intelectuales. Es decir, son teorías que no han sido probadas científicamente. Por tanto, hasta que llegue el momento (si llega) de que esas teorías se prueben como verdaderas o falsas, es misión de cada mujer estudiar lo que propone cada una de ellas y tomar partido por la que mejor refleje su forma de pensar y de vivir la sexualidad. O no tomar partido y actuar en cada momento según le dicte su conciencia y su voluntad. Otra opción es desligarse, como feminista, de las posturas políticas e ideológicas que definen el feminismo moderno, y volver a la esencia del feminismo. Esa esencia era de eliminar las barreras costumbristas, sociales y legales que impedían a la mujer poder decidir sobre sí misma con total libertad. Primero con el sufragio femenino, luego con la igualdad en derechos civiles, laborales..., libertad sexual, aborto, etc. Bajo ese prisma, las elecciones en cuestiones sexuales (o de cualquier otro tipo) que haga una mujer no deberían ser discutidas por nadie, y quizás aún menos por otras feministas. Por último, y ligado a lo anterior, también cabe plantearse que, si existe el patriarcado (como defiende el feminismo), ¿tiene sentido reemplazarlo por los postulados de una corriente feminista? ¿O es el verdadero feminismo el que consiste en que cada mujer tenga la libertad para poder pensar y hacer lo que estime mejor en cada momento? Fuentes y lecturas: Thinking Kink: Does Female Submission Mean Oppression? | Bitch Media Thinking Kink: No, Female Submission Doesn't Mean Oppression | Bitch Media Feminista en la calle y sumisa en la cama. ¿Es coherente? The S&M Feminist' - Clarisse Thorn Yes Means Yes! - Jaclyn Friedman y Jessica Valenti S/M 101 - Jay Wiseman Female Sexual Slavery - Kathleen L. Barry Suspect Citizens - Jocelyn Boryczka Performing Sex - Breanne Fahs Escorpio Dom, 27 de mayo de 2021 RosazulBDSM

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